Verdad Central. El pecado ha hecho separación entre Dios y
los hombres, pero a través de Jesucristo podemos volver a la
comunión con él.
Objetivos. Al finalizar este estudio el participante estará
en capacidad de:
1. Describir la condición espiritual del hombre sin Dios.
2. Explicar el concepto de naturaleza pecaminosa.
3. Explicar la razón por la cual el pecado separa al hombre
de Dios.
4. Valorar el amor de Dios al enviar a Jesús a morir en
lugar del hombre pecador, para que éste pueda restablecer la
comunión con su Creador.
5. Explicar la manera como el hombre puede obtener la
salvación.
Bosquejo de la lección: ¿Qué pide Dios de mi?
1. Dios pide que reconozca mi situación espiritual.
1.1. Por la desobediencia de Adán, el pecado ha pasado a
todos los hombres (Rom. 5:12, comp. Gén. 3:1-11).
1.2. Todos los hombres nacen con una naturaleza pecaminosa
que los impulsa a ofender a Dios en pensamiento, palabra y
conducta (Rom. 3:9-18).
1.3. La condición pecaminosa del hombre lo separa de la
comunión con Dios (Rom. 3:23).
2. Dios pide que acepte la salvación (el nuevo nacimiento) que él me ofrece, Juan 3:1-16.
2.1. Es necesario que yo experimente un nuevo nacimiento,
Juan 3:13.
2.1.1. El nuevo nacimiento es una condición para entrar al
reino de Dios, Juan 3:3-5.
2.1.2. El nuevo nacimiento es una experiencia espiritual que
se origina en el cielo, Juan. 3:6-14.
2.2. El nuevo nacimiento lo experimento cuando creo que
Jesús es el Hijo de Dios, quien puede perdonar mis pecados,
y lo confieso como mi Señor, Juan. 3:15, 16; comp. Rom.
10:9, 10.
Lección 3:
¿Qué pide Dios de mi?
Verdad Central. El pecado ha hecho separación entre Dios y
los hombres, pero Jesucristo fue enviado y a través de él
podemos volver a la comunión con Dios.
Análisis y comentarios
Muchas han sido las explicaciones que se han dado a la
existencia de la maldad en el mundo. Desde las teorías que
suponen a la sociedad como maestra malévola de los
ciudadanos, hasta las explicaciones metafísicas que asocian
la maldad con fuerzas espirituales ajenas al ser humano pero
que lo utilizan para sus propósitos. La Biblia enseña en
forma clara que la maldad tiene un solo protagonista: el
hombre mismo, quien ha nacido con una naturaleza pecaminosa.
Pero, al mismo tiempo, presenta la solución para el problema
del pecado y la maldad: reconocer a Jesucristo como Señor y
Salvador. Eso es lo que pide Dios de ti y de mi, ¿estamos
dispuestos a aceptar este reto?
1. Dios pide que reconozca mi situación espiritual
1.1. Por la desobediencia de Adán, el pecado ha pasado a
todos los hombres (Rom. 5:12 comp. Gén. 3:1-11). El hombre, por lo general, no siente que tiene necesidad espiritual. "Yo
soy bueno", dicen algunos. "No soy tan pecador como fulano",
expresan otros. La verdad es que la situación espiritual del
hombre no es cuantitativa (cantidad de delitos cometidos),
sino más bien cualitativa (esencia pecaminosa). En Romanos
5:12 el apóstol Pablo afirma que el pecado entró en el mundo
por un hombre. ¿Cómo ocurrió esto? El acontecimiento al cual
alude el apóstol es el relato de Génesis 3:1-11, donde Dios,
después de crear al hombre, le da instrucciones acerca de la
administración del huerto del Edén e incluye la orden de
no
comer del fruto del conocimiento del Bien y del Mal (Gén.
2:17). El hombre desobedeció esta orden y comió del fruto
prohibido. El pecado del hombre fue haber desobedecido a
Dios. A partir del acto de desobediencia de Adán (el primer
hombre) todos los seres humanos hemos sido contaminados con
el pecado, es decir, nacemos con una naturaleza pecaminosa
(Sal. 51:5). De manera que ningún hombre puede decir que no
es pecador simplemente porque no haya cometido un grave
delito. Por el sólo hecho de nacer como ser humano ya es
pecador. El pecado es una condición inherente en la raza
humana.
1.2. Todos los hombres nacen con una naturaleza pecaminosa
que los impulsa a ofender a Dios en pensamiento, palabra, y
conducta (Rom. 3:9-18). Ya hemos concluido que el hombre,
debido a la desobediencia de Adán, ha sido contaminado con
el pecado a tal punto que todos los seres humanos traen al
mundo esta simiente pecaminosa. Esta condición de pecado se
conoce como naturaleza pecaminosa. Por causa de la
naturaleza pecaminosa con la cual nace, el hombre está
predispuesto a buscar su "beneficio personal" sin importarle
el daño que pueda causar a otros. Esto explica mucho de lo
que está pasando en nuestro tiempo (robos, violaciones,
manipulaciones, ofensas, violencia incontrolada, etc.) pero
no se justifica de ninguna manera. Por otro lado, aunque no
se da cuenta de ello, el hombre está permanentemente
ofendiendo a Dios en pensamiento, palabra y acción. Con
simplemente no hacer las cosas que Dios demanda (amar al
enemigo, servir sacrificialmente al que lo necesite,
perdonar al que nos ofende, dar al necesitado sin ningún
interés, pagar todo lo que debemos, etc.) ya lo estamos
desobedeciendo. Los seres humanos no sólo dejamos de hacer
las cosas que Dios manda, sino que hacemos las que Dios
prohibe (vengarnos del que nos hace mal, mentir, tomar cosas
que no nos pertenecen, ofender al que nos maltrata, codiciar
cosas que no nos pertenecen, etc.). En Romanos 3:9-18, el
apóstol Pablo describe de una manera muy clara la condición
del hombre que no ha conocido a Dios. Allí declara con
firmeza que no hay justo ni aun uno, lo cual significa que
nadie puede considerarse justo delante de Dios. No importa
si una persona dice que es un buen ciudadano, paga los
impuestos, tiene buenas relaciones con los demás, es buen
trabajador, etc. La justicia declarada en estos versículos
es la justicia según la cual un hombre pueda decirle a Dios:
"Yo no te he ofendido". Y todos, por el simple hecho de
nacer como seres humanos, ya somos pecadores; entendiendo
por pecado todo aquello que ofende a Dios, bien sea por algo
que hacemos (que Dios ha prohibido) o por algo que dejamos
de hacer (que Dios ha mandado).
1.3. La condición pecaminosa del hombre lo separa de la
comunión con Dios (Rom. 3:23). Cuando Dios creó al hombre
estableció una perfecta comunión con él. Tal comunión se
evidenciaba en la relación permanente que había entre ambos,
el nivel de comunicación que existía entre los dos y el
hecho de que cada uno entendía la voluntad del otro. No
había enemistad ni conflicto entre ellos. Sin embargo,
después que el hombre desobedeció a Dios, en el Edén, se
abrió una brecha entre Dios y el hombre. Esta brecha fue la
consecuencia del pecado. Dios es Santo y esto significa que
él no puede tener comunión o relación con el pecado en
ninguna de sus manifestaciones. El hombre se había
convertido en un pecador y por esto se había roto la
comunión entre ambos (Rom. 3:23). Entonces, puede hacerse la
pregunta: ¿cómo quedamos en relación con Dios? La respuesta
es sencilla.
1. Separados de Dios, porque somos pecadores y él es Santo.
2. Sin esperanza de llegar a Dios por nuestro propio
esfuerzo, porque un pecador no puede acercarse a Dios quien
es Santo.
2. Dios pide que acepte la salvación (el nuevo nacimiento)
que él me ofrece (Jn. 3:1-16).
2.1. Es necesario que el hombre experimente un nuevo
nacimiento (Jn. 3:1-3). La condición del hombre al nacer es
la de un ser pecador. Sin embargo, es posible que usted se
pregunte ¿hay esperanza para el hombre? ¿cuál es la manera
de liberarse de esta condición pecaminosa? Precisamente esta
parte del estudio pretende ayudarnos a responder esa
inquietud. Dios no sólo quiere que reconozcamos que todos
nacemos con una naturaleza pecaminosa y, por tanto, estamos
separados de Dios; también quiere mostrarnos la manera de
restablecer la comunión con él. Es necesario experimentar lo
que la Biblia llama el nuevo nacimiento. Como ya se ha
mencionado, el hombre nace con una naturaleza pecaminosa. ¡Qué
bueno sería tener la posibilidad de nacer físicamente otra
vez, pero con otra naturaleza que no sea pecaminosa! Esa es
precisamente la oportunidad que Dios nos da; ya no se trata
de nacer físicamente, sino interiormente, espiritualmente.
2.1.1. El nuevo nacimiento es una condición para entrar al
reino de Dios (Jn. 3:3-5). La experiencia del nuevo
nacimiento fue declarada a Nicodemo cuando éste se
entrevistó con Jesús, según Juan 3:1-16. Jesús le explicó a
este maestro de Israel que era necesario nacer de nuevo para
poder entrar al reino de Dios. Nicodemo no entendió este
concepto y tomó la expresión en un sentido literal (v. 4).
Obviamente Cristo no se refería al nacimiento natural de una
persona. Jesús hablaba de un nacimiento del ser interno,
donde la persona experimentaría una transformación de sus
pensamientos, sentimientos, palabras y conductas.
2.1.2. El nuevo nacimiento es una experiencia espiritual que
se origina en el cielo (Jn. 3:6-14). Para Nicodemo fue
difícil entender el concepto de nuevo nacimiento desde un
punto de vista lógico y humano, vv. 4,9,11,12. Cristo mismo
indicó que el nuevo nacimiento era una experiencia similar a
la del viento, v. 8, el cual sabemos que existe, pero no
podemos verlo ni saber de donde viene ni a donde va. Lo que
quiere decir Cristo es que el nuevo nacimiento es una
experiencia muy real, pero no se puede reducir a una
explicación totalmente objetiva debido a su naturaleza
espiritual.
2.2. El nuevo nacimiento lo experimento cuando creo que
Jesús es el Hijo de Dios, quien puede perdonar mis pecados,
y lo confieso como mi Señor (Jn. 3:15, 16; comp. Rom. 10:9,
10). Jesús culmina su explicación a Nicodemo indicándole
cómo puede experimentarse el nuevo nacimiento. Señala Jesús
que sólo cuando alguien cree en él como el Hijo de Dios y
reconoce que tiene el poder suficiente para liberarlo de esa
condición pecaminosa, se produce el nuevo nacimiento, vv.
14,15. Pero ¿qué significa creer en Jesucristo? Significa
por lo menos estas cuatro cosas:
1. Reconocer que lo que él dice es la verdad.
2. Aceptar lo que él me ofrece (la vida eterna) como un
regalo personal.
3. Obedecer sus enseñanzas, es decir, hacer las cosas que él
ha mandado..
4. Permitir que él tenga el control de mi vida.
El texto clave de esta porción es Juan 3:16, donde se
explica que Cristo fue enviado por su Padre para que todo
aquel que crea en él no se pierda, sino que obtenga la vida
eterna. Es decir, que Cristo vino para restablecer la
comunión del hombre con Dios que el pecado había roto. Es
importante destacar también que Dios realizó esta obra por
amor y no porque viera en nosotros alguna cosa digna.
Ninguno de nosotros merecíamos que Dios hiciera tal
sacrifico, pero él lo hizo por puro amor (comp. Rom. 5:8).
Frente a esta inmensa prueba de amor ¿qué podemos hacer? Hay
dos maneras como podemos reaccionar:
1. No hacer caso de este sacrificio, dar la espalda y seguir
nuestra vida como si nada ha pasado.
2. Reconocer que el amor de Dios, mostrado a través de
Jesucristo, debe ser correspondido. Esto significa que
debemos reconocer que Cristo es verdaderamente el Hijo de
Dios y el único que puede salvarnos de la condición
pecaminosa. Esta actitud de humillación delante de Dios es
lo que él espera de cada ser humano. ¿Cuál es, entonces, su
reacción?
Resumen de la lección 3
¿Qué pide Dios de mi?
El pecado ha hecho separación entre Dios y los hombres, pero
Jesucristo fue enviado y a través de él podemos volver a la
comunión con Dios.
Damos gracias a Dios que le ha permitido realizar este
estudio acerca de tan grandes verdades que enseña la Biblia.
Es nuestro deseo que a través de este encuentro muchas de
sus interrogantes sean respondidas, pero por sobre todas las
cosas, que Dios mismo satisfaga sus necesidades más
profundas de comunión con él. Si tiene preguntas, hágalas
con toda libertad.
El siguiente resumen le ayudará a recordar las enseñanzas
básicas de este estudio. Podrá repasarlo en su casa y así
mantener fresco el aprendizaje. No deje de asistir al
siguiente estudio; estamos seguros que le será de mucha
ayuda.
1. Dios quiere que yo reconozca mi situación ante él, la
cual puede resumirse en la siguiente afirmación: El pecado
me ha separado de la comunión con Dios.
2. Todos los seres humanos hemos nacido con una naturaleza
pecaminosa.
3. Por el pecado, todos estamos separados de Dios.
4. Dios ha provisto la solución para que el hombre
restablezca la comunión con él. La solución consistió en
enviar a Jesús a morir por el hombre pecador (éste debía
recibir el castigo de la muerte por causa de su naturaleza
pecaminosa, pero Cristo sufrió el castigo en su lugar).
5. Dios quiere que acepte el regalo de salvación que él me
ofrece a través de Jesucristo. Esto significa que debo creer
que Jesús es el único que puede liberarme de la naturaleza
pecaminosa y restablecer así la comunión con Dios.
Actividades:
1. Reflexione detenidamente acerca de los cinco puntos que
acaba de leer en el resumen de esta lección que le hemos
presentado.
2. Observe, en su vida diaria, algunas conductas que indican
que el hombre lleva dentro de si una naturaleza pecaminosa
que lo inclina hacia lo malo o que no lo deja hacer lo bueno.
¿Cuáles son algunas conductas que así lo indican?
3. Escriba, en sus propias palabras, lo que significa el
nuevo nacimiento del cual habla la Biblia.
4. ¿Escriba lo que uno tiene que hacer para recibir o
experimentar este nuevo nacimiento?
5. ¿Ha recibido usted este nuevo nacimiento? ¿Qué evidencias
así lo indican?
Fin de lección 3
Producido por: Sistema educativo para el desarollo cristiano
(SEPADEC) Maracay, Venezuela
Nivel 1: Orientación cristiana
Equipo de investigación y producción: Roberto Hanna,
Custodio López, Samuel Marcano
Si tiene preguntas acerca de este estudio favor de
notificarnos por email en la dirección de:
espanol@irr.org

