Primer paso: Comprenda que Dios le ama y desea que sepa que hay sólo un Dios. Este único Dios creó el universo y es Señor sobre todo.
"En el principio, creó Dios los cielos y la tierra." (Génesis
1.1) "...antes de mí no fue formado dios, ni lo será después
de mí."
(Isaías 43.10b).
¡Dios nunca era hombre, y ningún hombre
nunca será Dios! Siendo el Dios eterno llegó a ser el
Dios-hombre Jesús, para morir por nosotros, pero por
toda la eternidad era, es y será Dios, nunca será sólo
hombre.
Dios no llegó a ser Dios, ni progresó a convertirse en un
Dios. Dios siempre era Dios. (La Biblia menciona
dioses falsos, o sea la idea que existiera tales ‘dioses’.
Pero creer que otros dioses realmente existen es politeísmo
pagano, no es el cristianismo.)
Es muy claro que no hay ahora, y nunca habrá, ningún otro
Dios en esta planeta ni en ninguna otra planeta. Para
siempre hay un solo Dios. Los hombres no pueden llegar a ser
dioses – ninguno lo ha hecho, ninguno lo hará.
"...Yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a
mí," (Isaías 46.9b). "...entendáis que yo mismo soy; antes
de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí. (Isaías
43.10b).
Segundo paso: Comprenda que hay un Salvador,
Jesucristo, quien es Dios eterno.
"Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el
principado sobre su hombro; y se llamará su nombre
Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de
paz. (Isaías 9.6).
Dentro de la naturaleza del único Dios verdadero hay tres
distinciones o Personas: Dios el Padre, Dios el Hijo, y Dios
el Espíritu Santo. Siendo que repetidamente se hace
referencia a Jesús como Dios, tenemos que aceptarlo como
Dios. En la Biblia la palabra "Verbo" es otro nombre para
Jesús en Su capacidad de comunicar el mensaje de Dios a los
hombres. (Juan 1.14). "En el principio era el Verbo, y el
Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios." (Juan 1.1). Aquí
"el principio" significa sencillamente "desde antes
de existir el tiempo". Tal como Dios era Dios desde
antes de existir el tiempo, así ¡Jesucristo era Dios
desde antes de existir el tiempo! Cristo no ganó, obtuvo,
ni progresó para ser Dios. Cristo siempre era Dios (Miqueas
5.2).
Dios prohibió para siempre la adoración a cualquier otro
ser. (Éxodo 34.14), sin embargo Jesús aceptó adoración como
Dios después de su resurrección: "He aquí, Jesús les salió
al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose,
abrazaron sus pies, y le adoraron." (Mateo 28.9). No es de
admirarse que Tomás exclamara, "¡Señor mío, y Dios mío!"
(Juan 20.28).
Tercer paso: Comprenda que el problema de pecado
es por nuestra naturaleza pecaminosa.
Un árbol manzano es un manzano aun antes de dar manzanas.
Da manzanas porque es un manzano.
Tal como recoger el fruto de un manzano no cambia la
naturaleza del árbol (sigue siendo manzano), así que
deshacerse de algunos pecados no cambia nuestra naturaleza
pecaminosa.
Así que, pecamos por tener una naturaleza pecaminosa. Todos
somos "por naturaleza hijos de ira," (Efesios 2.3). Un
manzano es un manzano por naturaleza, si da una manzana o
miles de manzanas.
Así es con el pecador. Un pecado o mil pecados no es el
asunto básico. El asunto es, todos tenemos la naturaleza
pecaminosa que necesita ser cambiada. Recoger manzanas de un
manzano no cambia la naturaleza del árbol. Así que, ¡deshacerse
de algunos pecados no cambia nuestra naturaleza!
"...Os es necesario nacer de nuevo." (Juan 3.7). Juan 1.12
nos dice como: "Mas a todos los que le recibieron, a los que
creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de
Dios."
No somos por naturaleza hijos de Dios. Tenemos que recibir a
Cristo para llegar a ser hijos de Dios.
Somos pecadores por naturaleza y decisión. El pecado es el
fruto de nuestra naturaleza pecaminosa, de cada pecador
individual. El pecado significa que "cada cual se apartó por
su camino." (Isaías 53.6). El pecado significa que nos
consideremos el gerente, jefe, señor y dios de nuestra
propia vida. Es una vida egocéntrica en vez de una vida
Cristocéntrica.
"Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no
de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que
nadie se gloríe. (Efesios 2.8,9). "...no hay justo, ni aun
uno." (Romanos 3.10b).
"Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia,
sino como deuda; mas al que no obra, sino creen en Aquel que
justifica al impío, su fe le es contada por justicia." (Romanos
4.4,5).
La salvación no es por obras, es un regalo. El camino
anunciado por Dios para la salvación es por medio de recibir
a Cristo y confiar únicamente en Él para salvarnos. "Porque
la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida
eterna en Cristo Jesús Señor nuestro." (Romanos 6.23).
"Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no
de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que
nadie se gloríe. (Efesios 2.8,9).
¿Cuántas buenas obras puede hacer un hombre muerto? Siendo
hombres naturales todos estamos, "muertos en nuestros
delitos y pecados." (Efesios 2.1).
No podemos hacernos "dignos" de la gracia de Dios. La
salvación es un don gratis para el indigno, para el que no
lo merezca, como somos todos. Cristo murió por los impíos (Romanos
5:6).
Un perro no ladra para llegar a ser un perro. Ladra porque
ya es perro. Su ladrido ayuda a demostrar el hecho. De la
misma manera, no hacemos buenas obras para llegar a ser
cristianos (ser salvos). Hacemos buenas obras después de ser
salvos (llegar a ser cristianos) para demostrar el hecho que
hemos sido salvados.
La Palabra de Dios declara que antes de la salvación, "...
todas nuestras justicias son como trapo de inmundicia..."(Isaías
64.6b). Todos tenemos la naturaleza pecaminosa. Somos
pecadores por naturaleza y por decisión. "Por cuanto todos
pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios." (Romanos
3.23). Esto quiere decir que todos somos pecadores perdidos.
Además, ¿cuántas buenas obras puede hacer un hombre muerto?
Como hombres naturales todos estamos "... muertos en
vuestros delitos y pecados." (Efesios 2.1b).
Aunque la salvación no es por obras, la verdadera salvación
siempre produce una vida cambiada que se manifiesta a través
de buenas obras. Cristo entra por una invitación personal
como Señor y Salvador para cambiar nuestra vida, y vivir Su
vida a través de nosotros.
Las buenas nuevas son. "La sangre de Jesucristo su Hijo nos
limpia de todo pecado." (1 Juan 1.7).
Cuarto paso: Comprenda que ya es la hora de
decidir. Nada se decide después de la muerte.
"He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de
salvación." (2 Corintios 6.2b).
No hay tal cosa como salvación general para todos los
hombres por la muerte de Cristo, sino hay salvación para
cada individuo que confía en Cristo. "...el que desobedece
al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre
él." (Juan 3.36b). Todos los hombres resucitarán, pero la
resurrección de los incrédulos será para condenación, no
para salvación (Juan 5.29, Apocalipsis 19.3-6).
"Él que no se halló inscrito en el libro de la vida fue
lanzado al lago de fuego. (Apocalipsis 20.15). No hay
ninguna referencia en la Biblia a que alguien se salvó
después de su muerte. Hoy es el día de la salvación.
"Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y
espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son
los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y
angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que
la hallan. (Mateo 7.13,14).
Según la Palabra de Dios, la vasta multitud de gente está en
el camino al infierno y a la resurrección de condenación
(Juan 5.29) y seguirán allí a menos que personalmente
inviten a Cristo entrar a su vida como Señor y Salvador. Con
la muerte termina toda esperanza para los perdidos.
A causa de nuestra naturaleza pecaminosa todos los humanos
somos pecadores, tanto por lo que somos como por lo que
hacemos. Por eso Jesús dijo, "... Os es necesario nacer de
nuevo." (Juan 3.7).
Supongamos que un cerdo intentara llegar a ser una oveja
actuando como oveja. Supongamos que vistiera de lana de
oveja, comiera alimento para ovejas y aprendiera a balar
como oveja. ¿Cambiaría todo eso su naturaleza de cerdo y lo
convertiría en oveja? ¿Importaría ya si fuera ‘bueno’ o
‘malo’ según las normas para cerdos? Así es cuando alguien
intenta actuar como un cristiano para llegar a ser un
cristiano. Para ser cristiano tiene que ocurrir un milagro –
el nuevo nacimiento. Necesitaría un milagro de Dios, un
nuevo nacimiento, para que un cerdo llegara a ser una oveja,
así se necesita un milagro de Dios para que un pecador
llegue a ser un hijo de Dios, un cristiano.
"Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su
nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios." (Juan
1.12).
Quinto paso: Comprenda el plan de la salvación.
Sólo Jesús puede limpiarnos de pecado y cambiar nuestra
naturaleza.
Jesús "llevó Él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el
madero." (1 Pedro 2.24).
No sólo llevó el pecado de Adán, sino nuestros pecados
personales. Por esto murió en la cruz por nosotros, derramó
Su sangre por nosotros, para pagar la deuda de nuestros
pecados.
Necesitamos que nos limpie del pecado y que nos dé una nueva
naturaleza para poder llegar a ser cristianos. Jesús tomó
nuestro lugar y derramó Su sangre para limpiarnos de pecado.
Ninguna cantidad de ‘buenas obras’ podría lavar ni un pecado
ni cambiar nuestra naturaleza. "Tal como soy sin otro
reclamo que derramaste Tu sangre para mí."
¡Buenas Nuevas! ¡La salvación es instantánea! En el momento
que nos arrepentimos, volteemos hacia Jesús alejándonos de
nuestros pecados, Él nos salva. Cristo respondió al ladrón
en la cruz (no bautizado, sin buenas obras que presentar)
reconociendo su fe: "Hoy estarás conmigo en el Paraíso."
(Lucas 23.43b). (Pablo usa las palabras ‘Cielo’ y ‘ Paraíso’
como sinónimos.) Jesús dio salvación a una mujer pecadora al
instante que mostraba su fe: Tu fe te ha salvado, ve en paz."
Lucas 7.50. Jesús reconoció la fe del publicano: "...éste
descendió a su casa justificado antes que el otro." Lucas
18.14.
Saulo, el homicidio, fue cambiado a Pablo, el apóstol, en un
encuentro vital con el Cristo vivo. La salvación incluye
aceptar a Jesucristo tanto como nuestro Señor (nuestro jefe
a quien obedeceremos) y Salvador. Esto involucra el corazón
como el centro de nuestros afectos. Si confesares con tu
boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que
Dios le levantó de los muertos, serás salvo." (Romanos
10.9).
Así nos convertimos de nuestros pecados, de nuestro yo, de
nuestro camino, al camino de Dios. Cuando clamamos al Señor
Jesús con fe y arrepentimiento, Él entra en nuestra vida,
nos limpia de pecado, nos convierte en hijos de Dios por
medio del nuevo nacimiento y nos da el regalo de la
salvación, junto con la nueva vida abundante y eterna. El
Cielo llega a ser nuestro hogar seguro y Su paz llena
nuestro ser.
No hay nada mágico en lo que decimos al clamar al Señor. Sin
embargo, él que clama a Él de corazón, decidido a confiar en
Cristo será escuchado. Dios responderá y le salvará. ¡Lo ha
prometido!
La salvación es sencilla. "...todo aquel que invocare el
nombre del Señor, será salvo." (Romanos 10.13). Tenemos que
invocar personalmente a Jesús a salvarnos. Por fe le
recibimos en nuestra vida. Haciéndolo así, Él nos salvará.
De otra manera no sería fiel a Su Palabra. Habiendo
prometido salvarnos, si no nos salvara sería mentiroso. Pero,
sí, salva a los que invoquen el nombre del Señor. Si Jesús
nos amó lo suficiente para morir en una agonía sangrienta
para salvarnos, ¿se negará a recibirnos cuando le llamamos?
¡Por supuesto que no!
¡Recuerde: "Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en
que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros!"! (Romanos
5.8) Dios nos ama, y quiere que nos acerquemos a Cristo tal
como estamos. Dios le ama y desea que usted se salva. ¿Le
gustaría recibir a Jesús como su Señor y Salvador ahora
mismo? Sencilla y sinceramente ore, con todo el corazón, la
siguiente oración o expresarle en sus propias palabras su
deseo de aceptar el sacrificio de Cristo.
"Señor Jesucristo, entra en mi corazón y mi vida. Límpiame de todo pecado por medio de Tu sangre derramada. Conviérteme en un hijo de Dios. Dame el regalo de la vida eterna, y hazme saber que soy salvo, ahora y para siempre. Ahora le recibo como mi propio Señor y Salvador personal. Pongo toda mi confianza sólo en ti para mi salvación. Amén."
¿Le salvó? Según Romanos 10.13 tenía que salvarle si
usted le invocó con fe, "... todo aquel que invocare el
nombre del Señor, será salvo."
La certeza de la salvación... ¡Usted puede saber que es
salvo, no sólo por sus sentimientos, sino porque la Palabra
de Dios lo dice! Aprenda de memoria Juan 3.36: "Él que cree
en el Hijo tiene vida eterna." ¿Qué tiene ya según la
Palabra de Dios? ¿Adónde iría si muriera en este instante,
según la Palabra de Dios?
Si usted sabe que Jesús le ha salvado, según Su Palabra,
dele las gracias por salvarle.
"Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el
nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida
eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios." (1
Juan 5.13).
Para ayudarle a afirmarse en esta decisión definitiva, tal
vez quisiera firmar su nombre y poner la fecha a la
siguiente afirmación.
Hoy he recibido a Jesucristo como mi Señor y Salvador. Por fe acepto Su promesa de perdonar mis pecados y darme la vida eterna.
Firmado:
Fecha:
Habiendo decidido creer en Cristo, sin tomar en cuenta
sus emociones, Él le hará comprender Su presencia, le
ayudará a dar pasos de fe basado en Su fidelidad en cumplir
con Su Palabra de salvarle.
Espero que el siguiente relato le ayuda a comprender que la
salvación no depende de nuestras emociones en el momento.
Tres
hombres entran en un ascensor que va al tercer piso donde
todos ellos desean ir. Uno está riendo, uno está llorando y
el tercero no muestra ninguna emoción. Los tres salen en el
tercer piso porque su llegada no tiene nada que ver con sus
emociones. Ellos creyeron que el ascensor les llevaría al
tercer piso, actuaron según esa creencia entrando en el
ascensor. Así es como uno confía en Cristo, con o sin
emociones.
La realidad de su salvación se verá en su decisión de
obedecer y seguir a Jesucristo "... Él que me ama, mi
palabra guardará..."(Juan 14.23). Hacer obras para la
salvación muestra desconfianza en la suficiencia de
Jesucristo de salvarnos. Sin embargo, la verdadera salvación,
la verdadera fe, siempre produce buenas obras. "¿Mas quieres
saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?"
(Santiago 2.20).
¡Un manzano no tiene que producir manzanas para llegar a ser
un manzano! Las manzanas son productos del árbol y prueban
que es un manzano. Así, las buenas obras nunca producen un
cristiano, meramente prueban que es cristiano. "De modo que
si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas
viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas." (2
Corintios 5.17).
Primero tenemos que tener la salvación para poder
demostrarla, tal como tenemos que tener un carro antes de
hacerlo funcionar. Verdaderos cristianos producen buenas
obras.
Confíe en Cristo para la victoria, agradézcale, camine por
fe, y Él le dará la victoria en su vida diaria.
En el siguiente capítulo presentaremos y explicaremos la
ayuda que Dios provee para los creyentes en Cristo.
Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 4
Traducido por Grace de Polo
Para mandar email en español:
espanol@irr.org

